En Costa Rica, la incomparable maestra de niños Carmen Lyra (María Isabel Carvajal) había creado cátedra de Literatura Infantil, en la escuela Normal de Costa Rica en Heredia, y escribió: "Los cuentos de Mi Tía Panchita". Sus discípulos, Carlos Luis Sáenz y Adela Ferreto, recolectaron sus mensaje y fomentaron su pensamiento a lo largo de los años en que fue en el Alma Máter en Heredia. Al lado de ellos, la Dra. Emma Gamboa, realizaba con niños de manera eficaz y ejemplar en el Kinder laboratorio de la Normal, una obra de actividades creadoras; entre ellas, la literatura, la música y las Artes plásticas, desbordan en acción los gozos estéticos de los niños y las niñas.
Actualmente en Costa Rica, existe un grupo joven de escritores con quienes se esta dando un renacimiento de aquellas inquietudes y actividades. Estos han buscado a los viejos maestros para hacer revivir la obra escrita de la revista infantil y de la hora "viva" del cuento y de la poesía, dichos de viva voz a los estudiantes.
La Literatura que es realmente del interés de los niños y niñas, no siempre ha sido escrita especialmente para los infantes; pero cuando las obras presentan determinados rasgos, como estructura lineal, lenguaje sencillo y valores universales como el amor, la solidaridad, la conmiseración, estos textos llegan a ser del gusto de los pequeños.
Su función no es la de comunicar conocimientos, ni desarollar destrezas de perspectiva literaria u ortográfica. La función es estética: va dirigida a la vida afectiva: los sentimientos, el disfrute de la belleza creada y la imaginación creadora.
Por eso, su relación tan directa con el juego, el cuento, el teatro, la pintura y otras formas de expresión que liberan la capacidad de inventar, de hacer y de expresarse.
De acuerdo a Dobles, la Literatura Infantil en Costa Rica, ha sido acompañada desde el comienzo por tres personajes que ya no son tan familiares y queridos: una Tía Panchita, que cuenta adorables cuentos llenos de gracia y picardía, con hondas ilusiones filosóficas a la vez, una Mulita Mayor (Carlos Luis Sáenz) que nos lleva en su vuelo trotador de cielos, bañándonos en su poesía de reminiscencias infinitas y un negrito de nombre Cocorí (Joaquín Gutiérrez), juguetón, bondadoso y preguntador incansable de cosas que parecen muy sencillas y que son realmente muy profundas, son las tres obras epónimas de la literatura infantil costarricense.
Con "Marcos Ramírez", de Carlos Luis Fallas, que sería para la adolescencia, se completa el cuarteto de las obras maestras de la literatura infantil y juvenil en Costa Rica.
Gracias a ellas, el país adquiere prestigio en la producción y difusión de literatura especializada para los niños y niñas y los adolescentes.
La literatura infantil, en Costa Rica, según los autores tiene tres fuentes ya conocidas: El folclore (Cuentos Viejos de María Leal de Noguera), la literatura escrita exclusivamente para niños o adaptable a ellos y lo que han escrito los propios niños y niñas.
Actualmente en Costa Rica, existe un grupo joven de escritores con quienes se esta dando un renacimiento de aquellas inquietudes y actividades. Estos han buscado a los viejos maestros para hacer revivir la obra escrita de la revista infantil y de la hora "viva" del cuento y de la poesía, dichos de viva voz a los estudiantes.
La Literatura que es realmente del interés de los niños y niñas, no siempre ha sido escrita especialmente para los infantes; pero cuando las obras presentan determinados rasgos, como estructura lineal, lenguaje sencillo y valores universales como el amor, la solidaridad, la conmiseración, estos textos llegan a ser del gusto de los pequeños.
Su función no es la de comunicar conocimientos, ni desarollar destrezas de perspectiva literaria u ortográfica. La función es estética: va dirigida a la vida afectiva: los sentimientos, el disfrute de la belleza creada y la imaginación creadora.
Por eso, su relación tan directa con el juego, el cuento, el teatro, la pintura y otras formas de expresión que liberan la capacidad de inventar, de hacer y de expresarse.
De acuerdo a Dobles, la Literatura Infantil en Costa Rica, ha sido acompañada desde el comienzo por tres personajes que ya no son tan familiares y queridos: una Tía Panchita, que cuenta adorables cuentos llenos de gracia y picardía, con hondas ilusiones filosóficas a la vez, una Mulita Mayor (Carlos Luis Sáenz) que nos lleva en su vuelo trotador de cielos, bañándonos en su poesía de reminiscencias infinitas y un negrito de nombre Cocorí (Joaquín Gutiérrez), juguetón, bondadoso y preguntador incansable de cosas que parecen muy sencillas y que son realmente muy profundas, son las tres obras epónimas de la literatura infantil costarricense.
Con "Marcos Ramírez", de Carlos Luis Fallas, que sería para la adolescencia, se completa el cuarteto de las obras maestras de la literatura infantil y juvenil en Costa Rica.
Gracias a ellas, el país adquiere prestigio en la producción y difusión de literatura especializada para los niños y niñas y los adolescentes.
La literatura infantil, en Costa Rica, según los autores tiene tres fuentes ya conocidas: El folclore (Cuentos Viejos de María Leal de Noguera), la literatura escrita exclusivamente para niños o adaptable a ellos y lo que han escrito los propios niños y niñas.